Octubre 2021

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Temporada 21/22 (c) Isabel Díez

Teatro de la Zarzuela | Madrid

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Teatro de la Zarzuela | Madrid

Teatro de la Zarzuela | Madrid

Teatro de la Zarzuela | Madrid

20:00
Noviembre/21
Mar23
20:00
Diciembre/21
Lun20
20:00
Febrero/22
Lun7
20:00
Marzo/22
Lun21
20:00
Abril/22
Lun4
20:00
Mayo/22
Mar17
Teatro de la Zarzuela | Madrid
20:00
Junio/22
Lun20
20:00
Julio/22
Lun11

XXVIII CICLO DE LIED
Cumplido y detallado mapa liederístico

Variado cañamazo sobre el que se va edificar esta temporada el tradicional Ciclo de Lied en el Teatro de la Zarzuela, una de las citas vocales más sustanciosas y mejor construidas de las que se desarrollan en Madrid y que alcanza ya su vigésimo octava edición abasteciendo, como es costumbre, a los oídos sensibles y ávidos de sentirse envueltos en los aromas del lied, de la canción, de la mélodie, enunciados por algunos de los más acreditados instrumentos canoros de la actualidad.

    Por un lado, tenemos a los más jóvenes, de futuro ilusionante y ya de presente radiante. Ahí situaríamos a dos barítonos: Josep-Ramon Olivé, de timbre cálido, de lirismo a flor de piel, y a Andrè Schuen, con más horas de vuelo, más consistente y compacto. Dentro de la misma cuerda, topamos con el oscuro y reconcentrado, sinuoso e hiperexpresivo Matthias Goerne, un viejo conocido, y con el menos granítico, también un habitual, Christian Gerhaher, de canto alado y ligero. Dentro de este apartado varonil, señalamos la presencia de una competente y veterana figura, tenor de acrisolada escuela, como Mark Padmore, un exquisito y frágil fraseador.

    Si dirigimos la vista hacia el lado femenino, aparece, encargada de inaugurar el ciclo, una mezzo de muchos quilates, sólida, penumbrosa, apasionada, eléctrica: Ekaterina Semenchuk. Muy distinta, de tinte más aéreo, Anna Lucia Richter, hasta hace muy poco soprano lírico-ligera. Una mutación sorprendente. Como lo es hasta cierto punto la que con el andar del tiempo, a lo largo de más años, se operó en las cuerdas vocales de Eva-Maria Westbroek, que pasó de ser una lírica a una lírico-spinto con hechuras como para vestir a personajes de la sustancia de una Lady Macbeth de Shostakóvich o, incluso, una Isolda wagneriana.

    Las tres restantes féminas convocadas son, todas ellas, por unificar, lírico-ligeras. Tenemos en esta parcela a Marlis Petersen, eficaz en la difícil coloratura —como la de una Lulu de Berg— y hábil en los saltos di sbalzo, a Julia Kleiter, en tiempos una poética Pamina, flexible y pura, y a la casi recién llegada Katharina Konradi, soleada y refinada. Todos estos cantantes, cortejados por un grupo de excelentes pianistas, ofrecerán programas bien medidos y aquilatados, pensados con cuidado hasta componer un variado tejido, colorista, didáctico, en el que se dan cita canciones y estilos de lo más diverso.

    Este año, como otros, uno de los grandes protagonistas es el bienamado Schubert: seis lieder en el recital de Olivé, once en el de Schuen. Pero no le va a la zaga otro romántico de primera y segunda hora como Schumann, del que podremos escuchar Liederkreis, op. 39, curiosamente, en los recitales de Goerne y de Konradi, y nueve lieder (Goerne), Zwölf Gedichte von Justinus Kerner y Dichterliebe (Padmore). Un romántico más tardío como Strauss está en las voces de Petersen (tres lieder) y Olivé (seis), mientras que a Brahms solamente lo aborda Petersen (tres). Importante es la aparición de los Spanisches Liederbuch e Italienisches Liederbuch de Wolf, que contienen piezas que recrean y estilizan materiales de origen popular con la sabiduría armónica habitual del compositor vienés. Julia Kleiter, Anna Lucia Richter y Gerhaher son los encargados de darles salida.

    Hay que tener muy en cuenta, sobre todo por lo insólito, la interpretación del ciclo titulado Despedida de San Petersburgo de Glinka, una relevante novedad en la voz de Semenchuk, que hurgará también en el proceloso cuaderno de Mussorgski Cantos y danzas de la muerte. Turbulentas emociones en cierto modo emparentadas con las que se alojan en el caleidoscópico recital de Petersen, en el que se da un repaso a repertorios un tanto ocultos servidos por compositores poco conocidos, pero significativos en la evolución de la canción en Centroeuropa: Weigl, Sommer, Rössler o Fürstenthal, acompañados de breves muestras de Schubert, Brahms, Liszt, Wagner, Wolf y Reger; y unas hermosas y conocidas mélodies de Hahn, Duparc y Fauré. Este último se integra, junto con Debussy, en el concierto de Konradi.

Variopinto igualmente, aunque menos atomizado, el de Westbroek, con Barber, Weill, por un lado, y Turina, Guridi y Guastavino, por otro, veta hispana que aborda a su modo Konradi: Ginastera y Montsalvatge. Por su parte, Olivé le dedica aún un recuerdo a Beethoven poco después de que haya pasado el aniversario con el célebre cuaderno An die ferne Geliebte, en un programa parcialmente descrito y en el que ocupa un lugar preferente la maravillosa serie de nueve mélodies de Fauré titulada La bonne chanson. Que se da la mano con seis lieder de Korngold, no demasiado prodigados, y con los Fünf Lieder nach Ansichtskartentexten von Peter Altenberg de Berg.
 

Arturo Reverter
 

tz


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