20:00
Outubro/19
Xov3
Auditorio Nacional (Cámara) | Madrid
20:00
Outubro/19
Lun28
Auditorio Nacional (Sinfónica) | Madrid
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Novembro/19
Mér13
Auditorio Nacional (Cámara) | Madrid
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Xaneiro/20
Sáb18
Auditorio Nacional (Cámara) | Madrid
20:00
Febreiro/20
Ven7
Auditorio Nacional (Cámara) | Madrid
20:00
Febreiro/20
Sáb29
Auditorio Nacional (Cámara) | Madrid
20:00
Marzo/20
Dom1
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Marzo/20
Dom8
Auditorio Nacional (Sinfónica) | Madrid
20:00
Marzo/20
Ven20
Auditorio Nacional (Cámara) | Madrid

Jazz en el CNDM: música para sorprenderse y asombrarse

Hoy la universalidad del lenguaje jazzístico se define desde lo local. No es que su literatura mayor la escriban líderes individuales, sino que hoy el jazz abraza todas las músicas. El bebop avanzado sigue siendo el músculo principal de las propuestas, pero las singularidades se producen desde esas contaminaciones planetarias con estilos y folclores de mil aromas y colores. Es por eso que, en el presente, resulte muy difícil ponerle etiquetas y capitalidades al género. El ciclo de jazz del CNDM ha venido haciéndose eco de todas las respiraciones que actualmente se hacen carne en los escenarios, convirtiéndose en magnífico muestrario de lo que estimula al creador jazzístico moderno. Este año, sin ir más lejos, su programa para la temporada 2019-2020 incluye maestros que lo han sido y son dentro de la historia del jazz, pero que, aun así, siguen buscándose. Nos referimos explícitamente a Herbie Hancock y Chick Corea, que, lejos de acomodarse en su leyenda, continúan retorciendo su creatividad, en una indagación permanente de emociones nuevas. Ambos actuarán una vez más en la Sala Sinfónica del Auditorio Nacional, magno escenario que también acogerá la excelencia orquestal de una de las maquinarias musicales más sólidas y sincronizadas, la Jazz at Lincoln Center Orchestra, creada y dirigida por uno de los iconos mediáticos de nuestro tiempo, el trompetista Wynton Marsalis. Sólo la mera mención de estos nombres evoca una autoridad jazzística contundente, inapelable y, por más que sintamos cercana su inspiración, siempre sus conciertos son una lección de música y… vida.

En la presente temporada, el resto de jazzistas convocados tienen igualmente un halo de prestigio incontestable. Ahí está, sin ir más lejos, Tom Harrell, un poeta de la melodía con un mundo creativo altamente personal, al margen de su diagnosticada esquizofrenia; con la trompeta demuestra toda su erudición mientras que con el fliscorno nos regala sus sueños. Presenta su proyecto Infinity, asistido por nobles escoltas como el saxofonista Mark Turner, el guitarrista Charles Altura, el contrabajista Ugonna Okegwo y el baterista Jonathan Blake.

A la misma distancia habría que situar a una banda entregada por completo al mencionado estímulo bopero, un grupo sometido al fuego postbop y hardbop, The Cookers, integrado por jazzistas enormes: los trompetistas Eddie Henderson y David Weiss, los saxofonistas Billy Harper y Donald Harrison, el pianista George Cables, el contrabajista Cecil McBee y el baterista Billy Hart. Lo que coloquialmente se suele decir… una superbanda. El verbo de Cécile McLorin Salvant, una cantante de color ocre, conjuga en pasado, pero le añade a su recitado toda la cromática de la música que habita dentro y fuera del jazz. A pesar de su juventud, hoy se pasea como la gran dama de la canción jazzística que es, cuyo aliento a su paso por este ciclo se disfrutará más por la intimidad de su propuesta, apenas acompañada por el piano de Sullivan Fortner. Paralelamente, feliz será el «regreso» de un pianista que nos tuvo enamorados hace un par de décadas, Jacky Terrasson, un instrumentista alejado de todas las escuelas pianísticas, por más que su fraseo feliz y chispeante nos recuerde siempre al gran Oscar Peterson. La verdad, se insiste, no entiende de edades ni fronteras.

Mención especial merece la genialidad pianística del polaco Marcin Wasilewski, por la fortaleza y altura de su ideario expresivo y conceptual, pues este hombre está descubriéndonos planteamientos musicales de una energía creativa altamente personal. Acude junto a su habitual trío, escoltado por el contrabajista Slawomir Kurkiewicz y el baterista Michal Miskiewicz, con quienes reparte la gloria que conquista en cada tierra que pisa.

Y sí, mención especial merece, asimismo, «uno de los nuestros», el contrabajista Pablo Martín Caminero, formado en la música clásica, hecho en el jazz y crecido en el flamenco. Es, de hecho, el relevo de genios de las cuatro cuerdas como Javier Colina, y su proyecto de recoger y crear el gran songbook del jazz-flamenco es una de las empresas más ambiciosas y dichosas de la actual música popular española. Su cita en este ciclo, además, viene refrendada por los músicos que lo acompañarán, con ese pianista luminoso que es Moisés P. Sánchez al frente, pero también el saxofonista Ariel Bringuez, el trombonista Toni Belenguer y el baterista Michael Olivera. Sólo la formación apunta grandes emociones.

Sin duda, la sorpresa es una de las señas de identidad del jazz y esta nueva edición del ciclo del CNDM ofrece todas las garantías para asombrarse. Es la grandeza de esta música, siempre en el precipicio, siempre en el comienzo del viaje.

Pablo Sanz


CNDM

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